Obesidad y riñón   Dr. Antonio Moreno Nefrólogo Cádiz

Obesidad y riñón

Cuando el cuerpo vive en “modo incendio lento"

La obesidad no solo afecta al azúcar o al corazón. También puede dañar los riñones, incluso en personas que nunca han tenido diabetes o hipertensión. ¿Por qué? Porque el cuerpo entra en un estado de inflamación silenciosa, como un “incendio lento” que nunca termina de apagarse.

 
¿Qué es esa inflamación y por qué aparece?
Imagina que el tejido graso es como un barrio tranquilo. Cuando engordamos mucho, ese barrio empieza a llenarse de casas demasiado grandes (adipocitos hipertrofiados) y las calles se quedan pequeñas.

Falta oxígeno: como si los bomberos no pudieran llegar a todas las calles.
Las células se estresan: igual que una fábrica saturada que no puede procesar más pedidos.
Se liberan señales de alarma: el cuerpo llama a “policías” (macrófagos), pero estos llegan enfadados, en modo M1, y empiezan a liberar sustancias inflamatorias.
Ese ambiente inflamado no se queda solo en la grasa: viaja por la sangre y llega a órganos como el riñón.
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¿Qué pasa en el riñón?
El riñón es un filtro muy fino. Para entenderlo, imagina un colador de cocina.

1. Hiperfiltración: el colador trabaja a toda velocidad
Cuando hay obesidad, el cuerpo necesita más sangre para irrigar toda la masa corporal. Eso obliga al riñón a filtrar más y más, como si te pidieran colar 10 litros de sopa con un colador pequeño. Al principio puede, pero a la larga se estropea.

2. La arteriola eferente se “cierra”
La arteriola eferente es como la salida del colador. Si la salida se estrecha, la presión dentro del filtro aumenta.

Es como si tapas parcialmente la salida de una manguera:  → la presión sube dentro.

En el riñón, esa presión extra daña al podocito, una célula delicadísima que actúa como “rejilla protectora”.

 
GRO: la glomerulopatía del obeso
Cuando este proceso se mantiene en el tiempo, el glomérulo (el filtro) se agranda y se endurece.

Se llama glomerulomegalia cuando está grande.
Y puede aparecer esclerosis, como si el colador se fuera llenando de zonas rígidas que ya no filtran bien.
Clínicamente, esto se traduce en proteinuria, pero sin los síntomas típicos del síndrome nefrótico. Es un daño silencioso.

 
Conclusión
La obesidad no es solo “peso de más”: es un estado inflamatorio que afecta a órganos clave como el riñón. Detectarlo a tiempo permite actuar antes de que el filtro se dañe de forma irreversible.